Mi visita a San Giovanni Rotondo

Mi visita a San Giovanni Rotondo

Después de tomar la decisión de ir a San Giovanni Rotondo para visitar el convento de Santa Maria delle Grazie, donde el Padre Pío vivió, el 8 de enero de 2012, me envió un mensaje personal donde me dijo, entre otras cosas acerca de nuestro viaje que el camino sería duro y largo, pero que teníamos que permanecer atentos a sus signos o mensajes. En el avión, mirando por la ventana, descubrí asombrada, al pasar por los Alpes nevados, un padre Pío gigantesco recostado contra las montañas, sonriendo y mirando en nuestra dirección. En el aeropuerto de Bari, cuando buscamos desesperadamente el coche que habíamos alquilado (la pancarta de su ubicación había desaparecido!) Recibimos entonces un pequeño signo de parte de Hélène Bouvier con la aparición del vehiculo custodiado por dos gatos que desaparecieron inmediatamente después de nuestra llegada.

Una llegada como se esperaba

Continuando nuestro camino llegamos después del anochecer a San Giovanni Rotondo. Nos dirigimos a la Casa della Sollevo Sofferanza (Casa del alivio del sufrimiento), cerca de nuestro hotel. Pero la ciudad es mucho más vasta de lo que pensabamos con un impresionante número de hoteles y alojamientos. En ese momento recordé un pasaje del mensaje del Padre Pío y pedí la ayuda de mis guías. Después de una hora de búsqueda y de dar muchas vueltas, nos detuvmos a unos 100 metros de la Casa della Sollevo Sofferanza y allí, fuera del coche, sentimos un fuerte olor a éter, a pesar de la lejanía del hospital. Después de haber pedido Información a dos transeúntes, nos percatamos de que el hotel no está realmente muy lejos, pero encontrar el acceso no es fácil desde el sitio donde nos encontramos. Ellos nos ofrecen muy amablemente llevarnos allí después de buscar el coche de ellos. Encontramos la misma amabilidad en el hotel. Como el restaurante está cerrado por la noche (estamos a mitad de la temporada!), su jefe se ofrece llevarnos a otro establecimiento de la misma cadena e imaginan su nombre? El Hotel de la Rosa. Y el comedor estaba decorado con rosas pintadas. Gracias Padre Pío por este maravilloso regalo de llegada, tu que amas tanto las rosas. El camino fue largo, pero qué gran alegría de encontrarnos allí.

En cuanto al hotel, este se encuentra muy cerca del santuario y desde sus ventanas podíamos ver el hospital Della Soufferanza cuya fachada está cubierta con un enorme retrato del Padre Pío que podríamos decir también se ocupó de nuestro sueño durante nuestra estadía.

 Yo no estoy aquí

Al día siguiente vamos al convento, que se encuentra a 5 minutos a pie de nuestro hotel. Una gran emoción se apodera de mí al darme cuenta que me encontraba en el lugar donde el Padre Pío vivió la mayor parte de su vida. Cuando recibo sus mensajes no puedo verlo o si lo veo es rápidamente, mientras que allí realmente siento su energía. Es

un lugar de peregrinación donde es difícil encontrarse un momento a solas para orar o meditar. Es un verdadero museo en el que han guardado todo de él, yendo incluso hasta el extremo de conservar fragmentos de los muros residuales provenientes de la transformación de su celda. Conociendo la vida del Padre Pío y sabiendo cómo la Iglesia lo hizo sufrir es incomprensible toda esta veneración (adulación!) para él.

Continuamos nuestra visita dirigiéndonos a la nueva iglesia dedicada al Padre Pío. Entrando en la capilla inferior, donde se encuentra su sarcófago (que está lleno de peregrinos!) No puedo respirar, me siento oprimida y enojada al mismo tiempo internamente ante tanta pompa y hoja de oro. Padre Pío era tan humilde y tan puro que esta capilla no le corresponde en nada. Sin embargo tomo asiento para recibir un mensaje suyo en el que dice:

«No estoy aquí, no me encontrarás aquí, en este lugar hecho por la Iglesia para satisfacer la pasión de los peregrinos. Yo velo por cada alma que lo solicita en todos los lugares de la tierra. Yo estoy en el corazón de todos mis hermanos y hermanas de la Tierra. Búsquenme y me encontraran. Permítanme que yo les guíe. Yo los quiero. Padre Pío de Pietrelcina», y añade estas palabras duras: «Han convertido mi vivienda y mi lugar de santidad en un lugar de dinero y de devoción. Padre Pío de Pietrelcina.» Me pide salir de allí y yo obedezco.

Luces

Cripta de la antigua tumba del Padre Pío

Al día siguiente vuelvo sola a visitar el convento. Me detengo para meditar en la cripta donde se encontraba su antigua tumba. Después continúo la visita que según esta organizada debe pasar por un corredor adornado con pinturas que representan la vida del Padre Pío. Ayer cuando atravesamos el pasillo estaba iluminado pero hoy cuando paso sola las luces se apagan y me encuentro en la oscuridad. Estoy sola y tengo que admitir que no estoy muy tranquila, pero un repentino pensamiento se me ocurre que no estoy sola, porque estoy en su convento y que sin duda es Padre Pío que se manifiesta (Después supe que las luces habían funcionado normalmente para otros visitantes).

 La visión

Celda del Padre Pío

Yo continúo mi visita aunque me doy cuenta que por donde quiera que paso las luces se apaguen. En el último corredor delante del pórtico y la célula escucho el dulce canto de las aves aunque no hay ninguna ventana y las de la terraza están cerradas. Frente al vidrio de la celda del Padre Pío, hago oración en acción de gracias por darme la oportunidad de venir hasta aquí. Lo raro es que estoy sola, mientras que el día anterior, a la misma hora, estaba lleno. Aprovecho este tiempo de tranquilidad. En este momento, oigo pasos en el pasillo. Sorprendida, volteo la cabeza y veo a un monje vestido con un traje marrón oscuro caminar a un ritmo lo suficientemente rápido. El se persigna al pasar a mi lado y en ese momento reconozco al Padre Pío. Tiene entre 50-60 años de edad, con su barba gris. Oigo el ruido de una llave cuando es introducida y da vueltas en el cerrojo. Y luego lo veo entrar en su celda, sentarse en su silla y empezar a rezar. La visión se termina, estoy muy emocionada y muy agitada.

Aprendiendo a orar

Yo termino mi visita yendo a la primera capilla del convento de Santa Maria delle Grazie. Me siento y me ofrezco un momento de recogimiento. Al abrir los ojos, veo al Padre Pío de rodillas ante el altar. Me da un pequeño mensaje: «Tu me encontraste, dijo, aquí es donde estoy y eso que tu sientes es realmente mi presencia. Sí, soy yo que tu viste en el atrio, un lugar de paz y silencio en comunión con las aves y la naturaleza. Te di un pequeño sobresalto. Te quiero. Ora con todo tu corazón, aprovecha este momento para estar en comunión conmigo. Yo estoy aquí y hago oración contigo.»

Capilla de Santa María de las Gracias

Luego me dijo que iba a enseñarme a orar y que yo tenía que aprender a ignorar el ruido a mi alrededor. Inmediatamente cerré los ojos y empecé un Padre Nuestro, pero he oído un ruido. Me dijo que comenzara otra vez y lo hago, pero tengo dificultad. En ese momento, siento sus manos puestas sobre las mías. Cada vez que estoy molesta él me dice con una voz llena de paciencia y amor: «Hazlo de nuevo, no importa, comienza otra vez!» Después continúo con un Ave Maria y concluyo con una oración personal. Esta enseñanza es tan fuerte que me hace llorar. Al final me dice que cuando llegue el momento propicio me dará un mensaje acerca de la oración para enseñar a los hombres de la tierra a orar (es el que acabo de recibir y que se publica en la página 24 de este número). Le doy las gracias desde lo mas profundo de mi corazón por el aprendizaje de la oración que pongo en práctica todos los días.

 Un encuentro

Al día siguiente, en el convento, nos encontramos con un sacerdote negro que se ocupa de la acogida de los visitantes y de las confesiones. Al hablar con él, nos dice que el padre Pío era realmente una persona extraordinaria, alguien especial y que es, para él, más que un santo.

La víspera de nuestra partida, vamos a verlo de nuevo. Cuando nos ve, deja por un momento los peregrinos que le pedían una bendición especial. Él nos lleva a los dos en sus brazos a la vez, diciéndonos que somos personas especiales y nos desea un buen regreso a casa. Nunca podré olvidar la fuerza de su abrazo y el amor que emanaba de él.

 Eventos

Escultura en memoria del Padre Pío frente a la alcaldía de San Giovanni Rotondo

Por la tarde, bajamos al pueblo de San Giovanni Rotondo para visitar un poco antes de irnos. En el coche sentimos un fuerte olor a tabaco.

Al día siguiente volví a la capilla a rezar. Padre Pío está de rodillas ante el altar, vestido con la casulla para la celebración de la misa. Él reza.

Al salir de la capilla, me siento en un banco a la izquierda de la entrada. El cielo es azul, con un poco de viento. En el banco, una señora de cierta edad está allí sentada a la izquierda. Me siento al lado derecho, dejando el espacio libre en el medio. Siento en este momento un fuerte olor a tabaco aunque nadie fuma cerca de nosotros.

El ataúd de Padre Pio

Sarcófago del Padre Pío

Aunque el padre Pío me lo había aconsejado no ir, ya que no esta allí, siento deseos de ir al nuevo santuario para ver a su ataúd. Cuando entramos en la iglesia inferior * en ese momento tiene lugar la celebración de una misa con un Obispo, lo que imposibilita la visita de la parte posterior del altar – los guardias de la «Asociación Padre Pío» la tienen custodiada!

Salimos de nuevo y como el edificio que alberga esta gigantesca iglesia, se encuentra como en todas partes, una tienda de recuerdos, entramos para hacer compras de última hora. La misa es transmitida allí via una pantalla gigante de televisión que llama mi atención. Cuando miro a la pantalla, veo de cerca el ataúd del Padre Pío. Finalmente, esta es la única manera como puedo verlo. Me dijo que no fuera a la iglesia inferior, que él no estaba allí y en realidad he visto por mí misma. He aprendido la lección.

El Padre Pío me dijo que prefiere la antigua cripta a su sepulcro nuevo. Es más modesto y «mi tumba, dijo, estaba cerca de mi Señor Jesucristo.» De hecho, en la cripta del monasterio se puede ver una estatua de Jesús yacía en su tumba.

Nuestro viaje llegaba a su fin y al día siguiente, tomábamos el camino de vuelta, viaje aderezando por el olores de perfume.