Mensaje del 20 de mayo del 2012

EEn estos tiempos difíciles, en estos instantes de duda y perpetuas discusiones tenéis que trabajar en la viña del Señor.

Sois hijos de Dios, soy criaturas divinas nacidas del Amor divino. Por ello no os podéis permitir quedaros sin hacer nada. Desde el amanecer hasta la puesta del sol tenéis que obrar para plantar la viña. Vendrá un día en el cual tendrá que realizarse la cosecha. Los racimos tendrán que ser sanos y hermosos. No tendrán que tener enfermedades o ser dañados en su interior. Sí, hijos míos, el Señor vendrá en persona para cosechar con sus amados la semilla divina colocada en el corazón de cada hombre.

Por ello, tenéis que cesar de quejaros, de gemir, de pedir a tontas y a locas. Desde luego, se os ha dicho y yo mismo lo he repetido muchas veces : “Pedid y se os dará, pegad y se os abrirá”.

Debéis presentaros a Dios con un corazón puro y sincero. Vuestra alma tiene que estar limpiada y purificada. No podéis pedir si antes no habéis rezado y bendecido desde el fondo de vuestro corazón. ¡No se os ocurriría nunca presentaros en casa de amigos (en la cual habéis sido invitados) vestidos con harapos, sucios y despeinados! Con Dios pasa lo mismo .Os debéis lavar interiormente, limpiaros de todo pecado, de todas las manchas que ensucian vuestra alma. Para hacer una petición a Dios tenéis que estar como el agua cristalina de un río de montaña, blancos, más blancos que blanco. Es necesario prepararse, es un lazo único con el Creador, es un lazo de amor. Por ello, os pido que hagáis este esfuerzo interior antes de realizar vuestra petición, antes de presentar  vuestras intenciones a un  amante Padre,  quien os oirá favorablemente en su inmenso amor y os colmara.

Sí, hijos míos, los trabajadores de la viña no son escogidos al azar. Ya deben haber realizado una buena parte del camino que les conducirá a la casa del Padre. Por ello, para cuidar de la viña, estos trabajadores tienen que estar conectados con el Dueño y solo pueden estarlo con la oración.

No penséis que el mantenimiento de la viña sea fácil. Sus misionados están obligados a consagrarle mucho tiempo y a realizar muchos sacrificios. Hay que plantar, regar y vigilar para que las malas hierbas no la invadan. Es mucho trabajo, pero sé que cada trabajador lo hace con el corazón ligero, bendecido por el Amor del Padre.

Si, hijos míos, en estos de tiempos de malestar del mundo terrestre, muchos trabajadores están a la obra en la viña del Señor. En la tierra cada ser humano es una cepa de viña y Dios, en su inmenso Amor, cuida de él  para que nada malo pueda acaecerle.

Pero vosotros, hijos míos de la Tierra, cesad de quedaros con los brazos cruzados,  cesad de perder el tiempo con futilidades. Es ahora que debéis empezar a trabajar. Desde luego, ya hay misionados que obran en medio de vosotros, pero el buen Pastor quisiera que todo su rebaño llegue sano y salvo a la morada del Padre.

Hijos míos, la viña del Señor necesita sol, luz y Amor para prosperar. Una nueva Tierra  está llegando, pero para que pueda establecerse, para que la viña llegue a madurez, tenéis que cambiar vuestro comportamiento, vuestra fuerza de vivir, vuestra manera de pensar. Cesad de ser egoístas, de estar llenos de odio y de celos. Parad de solo pensar en vuestro pequeño confort. La viña no podrá prosperar en estas condiciones.

Os pido de abriros al amor, de amaros los unos a los otros, de respetaros, de ayudaros, de aceptar los diferentes colores de piel, de mentalidad. Es juntos y unidos en el mismo amor, mirando en la misma dirección, que podréis trabajar en la viña del Señor para que la Nueva Tierra pueda instalarse en los corazones sembrados.

Hijos míos, os amo y quisiera tanto que entendieses la importancia de este obra, el papel que os toca en la edificación de este nuevo mundo. No podéis seguir aceptando que el más potente huchee los derechos del más débil, que el rico viva a costa del pobre. Esto es inadmisible y hasta que no lo entendáis la nueva vida no podrá instalarse.

Por ello, urge el que recemos todos juntos en un mismo impulso de amor, que obremos todos en la viña del Señor, que enseñemos a nuestro prójimo la verdadera vida espiritual.

Urge que tomemos la antorcha que Jesús vino a encender hace más de 2000 años. No se os matará, ni tampoco seréis crucificados. Cierto, se os juzgará, os tratarán de iluminados…¿pero que importancia? Al contrario, es una alegría el trabajar para Dios, para la realización de su reinado de Amor, el trabajar cada día en su viña y, de esta manera, el poder llegar al final de vuestra vida entrando en la casa del Padre con el corazón ligero y el alma feliz por haber cumplido con la misión que se os confió.

Si, hijos míos, cesad de inquietaros de la opinión de los demás. Cesad de juzgar, cesad de quedaros sin hacer nada. Os pido ahora que os levantéis y vayáis a trabajar en la viña del Señor. Por fin llego la hora en la cual el final de los tiempos, el final de vuestro mundo tiene que dejar paso a la Nueva Tierra deseada por el  mismo Dios.

Os quiero y tengo confianza con vosotros.

Mensaje publicado en la Revue de l’au-delà Nº 170 (julio-agosto 2012)